El método del discurso: hacia una política pública contra la desinformación

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Mauricio Pava Lugo[1]

Descartes se ocupó de cómo organizar racionalmente el pensamiento y dirigir la razón hacia el bien en su libro “El discurso del método”. Hoy, vistas las elecciones contemporáneas en las principales democracias del mundo, plagadas de desinformación, noticias falsas, manipulación de las redes, etc., nos preguntamos si el discurso mismo debería tener un método.

Actualmente, hemos alcanzado acuerdos muy importantes sobre lo fundamental: que la paz debe ser una política de Estado, que la corrupción es un mal de todos, que hay que combatir el narcotráfico, etc. Lo que nos divide no es el contenido del discurso, sino su método, la forma en que se realiza. Esto separa radicalmente a la población y, paradójicamente, hay tanta turbulencia que nos impide, de hecho, ver aquellos puntos de encuentro comunes de fondo, a los que ya nos hemos referido.

Lo que pensábamos que era un hecho, ya no lo es. Una muestra de ello son las recientes elecciones presidenciales de Estados Unidos, en que la desconfianza, por parte del Partido Republicano de Trump, en el conteo de votos hizo que se retrasaran los resultados por muchos días. Lo ocurrido en este país era inimaginable, pero, en la actualidad, vislumbra un gran problema: la corrupción de la comunicación. En efecto, a través de la “propaganda oscura” se materializa un asunto que ya había advertido en este espacio[2].

Este es un ejemplo perfecto que refleja la ruptura actual entre concepto y método. Si bien, en la política norteamericana, la práctica de entrometerse en la vida privada de sus contrincantes no es nueva[3], el discurso mantuvo, como método, el respeto a la institucionalidad, a la justicia, al decoro de la Casa Blanca, etc.

La discusión, en nuestro país, está al orden del día. La Fundación Colombia 2050 llevó a cabo el foro sobre “fake news y posverdad ¿una amenaza real al sistema democrático?[4], en el que se llegó a varios consensos, como la real afectación que se produce en la toma de decisiones políticas de los ciudadanos, la lesión a la legitimidad de los procesos electorales, la inconveniencia de enfrentar el desafío con regulación estatal ─donde el Estado defina qué es verdadero y qué es falso─. Hubo acuerdo en la necesidad de resolver las tensiones entre los derechos en conflicto, pues los derechos de acceso a la información y la libertad de expresión son estructurales en la democracia, y se ven en peligro con el uso de mecanismos para enfrentar la desinformación, como el “monitoreo proactivo”, ya que, eventualmente, derivaría en una censura previa.

De allí que afirmemos que la corrupción de la comunicación amenaza la institucionalidad y los acuerdos fundamentales en los que se basa la cohesión social, así como en otros temas de seguridad nacional, salud pública o macroeconomía. Por ello, mantener la integridad de la forma discursiva debería ser un compromiso de todos. Además del fondo, hacen falta acuerdos sobre la forma. Esto fue especialmente notorio en las pasadas elecciones estadounidenses.

Como suele ocurrir en tantos otros asuntos, la propia sociedad le ha salido al paso a este problema. Instituciones de carácter privado, como Twitter, han hecho loables esfuerzos por combatir este fenómeno. En cuanto Donald Trump hablaba de fraude electoral, las grandes cadenas de televisión americana interrumpían su transmisión[5]; y, cuando trataba de utilizar sus redes sociales para denunciarlo sin sustento alguno, las plataformas marcaban e, incluso, bloqueaban sus afirmaciones publicadas[6]. Todos los vehículos de información se pusieron de acuerdo para autorregular; intervinieron el discurso con el objetivo de proteger su institución democrática y hacerle frente a este tipo de conductas[7].  Lo anterior hace indispensable revisar las políticas públicas a las que se llega por consenso, para que la democracia no sucumba por la pérdida de conciencia crítica y que los vacíos dejados por la desaparición de las ideologías no sean sustituidos por un presente tecnológico-comunicativo que crea realidades fundadas en sentimientos, en donde poco o nada es sólido, como bien lo explica el profesor Eloy García[8].

En estos momentos, el Código Nacional Electoral es objeto de reforma. Debemos aprovechar esta discusión legislativa para promover acuerdos. Bienvenida sea la discusión sobre cómo pactar la autorregulación por los partidos y movimientos políticos, los medios de comunicación, las plataformas sociales, en un país, como Colombia, en donde el 73% de los ciudadanos no distingue una noticia falsa de una verdadera[9] y donde la polarización provocada se convierte en intolerancia. Hoy, más que nunca, el remedio contra la información falsa[10] no solo consiste en enfrentarla con información verdadera, sino en acordar deberes en el método del discurso, pues a los liderazgos en lo público, en lo político, en lo comunicacional, se les debe atribuir, por qué no, una posición de garantía.

En esta entrega de Diálogos Punitivos

En nuestro último boletín del año, encontrará columnas sobre el alcance de la posición de garante de los oficiales de cumplimiento, la naturaleza de esta línea de defensa corporativa y la posibilidad de constituirse como víctimas para acceder al expediente judicial.

En nuestra columna de actualidad, Javier Torres habla sobre la posibilidad de acceder a los expedientes judiciales por parte de las víctimas, tras una reciente sentencia de la Corte Constitucional.

En la columna de interés, Juan David León analiza si, en nuestro país, el oficial de cumplimiento tiene posición de garante y cuáles son sus deberes.

Por último, en el espacio “Entre líneas”, contamos con la participación de Carolina Montaña, quien abordará la segunda línea de defensa corporativa en los programas de cumplimiento.

Esperamos que esta entrega sea de su total agrado y extendemos una cordial invitación para que se suscriban a nuestro boletín académico y a nuestras diferentes redes sociales. Así podrán estar permanentemente enterados de todo nuestro contenido.

Este año trajo muchos cambios para todos y nuestro espacio académico no es la excepción. Primera Línea ha atravesado un proceso de evolución que nos lleva hoy a anunciar, con mucho entusiasmo, la siguiente etapa de este proyecto: Diálogos Punitivos. Ampliamos nuestro horizonte y, desde una nueva perspectiva, presentamos el ecosistema académico que integra toda la producción que nuestro equipo de gestión del conocimiento pone a su disposición. Lo invitamos a leer el comunicado adjunto para conocer todos los detalles y a seguir acompañándonos en el 2021 y demás años venideros.

[1] Abogado de la Universidad de Caldas, Curso Universitario Superior en Compliance de la Universidad de Barcelona y Especialista en Casación Penal de la Universidad La Gran Colombia; conjuez de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia; conjuez del Consejo Nacional Electoral. Miembro de la Comisión Asesora para la Política Criminal del Estado colombiano; miembro de la comisión de expertos de la Corporación Excelencia en la Justicia; presidente del Instituto Colombiano de Derecho Procesal – Capítulo Caldas; asesor para iniciativas legislativas en materia penal del Ministerio de Justicia y del Derecho (2015) y en la Cámara de Representantes para reformas al Código de Procedimiento Penal (2013-2018). Tiene experiencia como docente de pregrado y posgrado en varias universidades. Director del Boletín Académico “Primera Línea”.

[2] PAVA LUGO, Mauricio. Redes sociales, propaganda negra y reacción legal.  Primera línea. Editorial. 29 de julio de 2020. Disponible en: https://www.primeralinea.co/redes-sociales-propaganda-negra-y-reaccion-legal/

[3] URIARTE, Olalla. El primer escándalo que acabó con una carrera política. En: El Mundo [en línea]. 14 de febrero de 2019. [Consultado el 20 de noviembre de 2020].  Disponible en: https://realidadyficcion.elmundo.es/el-primer-escandalo-que-acabo-con-una-carrera-politica

[4] FUNDACIÓN COLOMBIA 2050. Fake news y posverdad ¿una amenaza real al sistema democrático? [foro en línea]. Juan Carlos Galindo, Felipe Sánchez, Daniel Palacio, Hernán Penagos, Alejandra Barrios, Eloy García, Juan Esteban Lewin. 25 de noviembre 4:00 pm. [Consultado el 27 de noviembre de 2020]. Disponible en:  https://www.facebook.com/100767064914690/videos/419520926087639/

[5] AFP. Cadenas de TV estadounidenses cortaron discurso de Trump para “evitar desinformación”. En: Blu Radio [en línea]. 5 de noviembre de 2020. [Consultado el 27 de noviembre de 2020] Disponible en: https://www.bluradio.com/mundo/elecciones-presidenciales-en-ee-uu/cadenas-de-tv-estadounidenses-cortaron-discurso-de-trump-para-evitar-desinformacion

[6] TECNÓSFERA. Los trinos de Trump siguen siendo marcados como engañosos. En: El Tiempo [en línea]. 7 de noviembre de 2020. [Consultado el 20 de noviembre de 2020]. Disponible en: https://www.eltiempo.com/tecnosfera/novedades-tecnologia/donald-trump-mensajes-que-han-sido-marcados-como-enganosos-en-twitter-547687?utm_medium=Social&utm_source=Twitter#Echobox=1604792585

[7] CULTURA. El día en que los medios silenciaron a un presidente de Estados Unidos. En: El Tiempo [en línea]. 7 de noviembre de 2020. [Consultado el 20 de noviembre de 2020]. Disponible en: https://www.eltiempo.com/cultura/cine-y-tv/donald-trump-lideres-de-opinion-colombianos-analizan-la-interrupcion-a-discurso-547686

[8] FUNDACIÓN COLOMBIA 2050. Fake news y posverdad ¿una amenaza real al sistema democrático? [foro en línea]. Óp. cit.

[9] FUNDACIÓN COLOMBIA 2050. Fake news y posverdad ¿una amenaza real al sistema democrático? [foro en línea]. Óp. cit.

[10] FUNDACIÓN COLOMBIA 2050. Fake news y posverdad ¿una amenaza real al sistema democrático? [foro en línea]. Óp. cit.